REALMENTE, ¿VIVIMOS EN UN PAÍS VIOLENTO?


Jamas pensé que escribiría algo así. Keila Navarro, ¿la mujer más positiva que un protón (como me dicen mis amig@s) hablando de violencia? Pues sí, me tocó sentarme un ratito a escribir para expresar lo que siento en este momento. Confío en que tal vez así podamos hacer sentido de la magnitud del asunto y comprender de una vez y para siempre de quién es la responsabilidad realmente si de verdad hay algún responsable.

Vivimos en un país violento en el cual es “normal” insultarnos de carro a carro. Vivimos en un país violento en el cual los padres, agreden verbal y/o físicamente a los maestros frente a sus hijos. En este país violento, si eres optimista, positivo, respetuoso o propio, eres "raro o rara".


Vivimos en un país donde es gracioso vacilar a alguien por que luce diferente a nosotros. Un país donde el humor negro es la nueva manera de "hacer reír a la gente". En este país es costumbre decirle a un niño que las muñecas son de nena y cambiar el tema preguntándole ¿cuántas novias tienes? Vivimos en un país donde enamorarse significa que la otra persona te pertenece.


Vivimos en un país donde es normal que haya personas sin tacto ni sensibilidad liderándonos e influyendo en nosotros diariamente. Vivimos en un país violento porque esas mismas personas influyentes son los primeros en modelar un comportamiento que no es adecuado, un comportamiento irresponsable y por supuesto, VIOLENTO. Es ese el comportamiento que en lugar de unir, divide. Este es el comportamiento que lleno de faltas de respeto e intolerancia, denigra tanto a mujeres como a hombres.

Sin embargo, eso es lo que consumimos. Eso es lo que nos “entretiene”.

Constantemente publico contenido que edifica, que invita a las personas a reflexionar para que juntos crezcamos y seamos mejores cada día y he notado que cuando nos toca elegir entre lo “positivo” o lo que nos “entretiene” vamos a elegir entretenernos. ¿Porqué? Por que eso que llamamos positivo nos reta, nos hace pensar diferente, entrar en estados que exigen decisiones que no queremos tomar. En cambio, lo que nos entretiene es fácil y muy accesible; pero a la vez es, muy pasajero. Queremos disfrutar del resultado, mas no queremos pasar por el proceso.


Ahora, que el agua nos ha llegado hasta el cuello, que nuestras sobrinas, nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras amigas y hasta nuestras madres ya no están seguras ni frente a sus casas, todos queremos respuestas rápidas. Exigimos pena de muerte y justicia para nuestras mujeres y aunque estoy segura de que así será, hoy te quiero invitar a que abramos los ojos porque hay más.


Al día de hoy tú y yo le hemos abierto las puertas a la violencia cuando permanecemos en relaciones que no son saludables, cuando permitimos que personas irresponsables y manipuladores influyan en nuestras vidas y en nuestra manera de pensar y vivir. Le abrimos las puertas a la violencia cuando elegimos entretenernos en lugar de experimentar transformaciones reales en nuestras vidas, cuando permitimos que los niños vean y/o escuchen lo que les de la gana. Cuando nos reímos de lo que realmente no nos debería dar gracia. Cuando nos quedamos callados ante la injusticia. Esto lo hemos permitido nosotros, y cuando digo nosotros es una generalización intencionada entendiendo que no somos literalmente todos pero sí la gran mayoría.